Crónica de un triunfo anunciado

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Enrique Peña Nieto - Foto: Infobae.com

Por: Ana Carolina Gómez[1] y Juan Sebastián Granada[2]

-28 de junio de 2012-

La democracia y el pueblo han estado usualmente relacionados, fundamentalmente a través de la participación. Esta última se ha manifestado de formas diversas: por medio de la elección de representantes, de la inclusión directa de los ciudadanos en la vida pública o a través de herramientas específicas, como el referendo o el plebiscito.

En todos estos momentos, la acción más destacada y siempre presente es la del voto. De allí la importancia que se otorga al sistema electoral y específicamente a quiénes están habilitados para votar. Es el momento legitimador de los sistemas democráticos.

A pesar de su importancia, el voto no es un elemento suficiente para evaluar la calidad de una democracia. Ejemplo de ello es México, único país de Latinoamérica en realizar elecciones ininterrumpidas desde 1934. Por ello, las elecciones que se realizarán este domingo 1 de julio ponen a prueba la vida democrática de este país, en el que hasta hace poco, la elecciones fueron cooptadas durante setenta años por el Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Fue en el año 2000 cuando se rompió la hegemonía priista con la llegada al poder de Vicente Fox, candidato del Partido de Acción Nacional (PAN). Su sucesor, Felipe Calderón, actual Presidente de México, parece haber desgastado el capital político del PAN. Estos dos gobiernos, que sumaron 12 años, dejan un triste balance de una gestión equivocada, sobre todo, en materia de lucha contra el narcotráfico.

Frente a este panorama, se anuncia el retorno del PRI a la Presidencia de la República, triunfo augurado por los exitosos resultados de este partido en las pasadas elecciones legislativas de 2009.

El retorno del PRI no implica, sin embargo, un apoyo popular y masivo a las propuestas de este partido, sino más bien la expresión de la inconformidad con respecto al gobierno de turno ¿Pero la vida política mexicana se restringe a los dos partidos tradicionales?

No, pues además de Josefina Vázquez Mota, candidata de PAN, y Enrique Peña Nieto, Candidato del PRI, están Andrés Manuel López Obrador y Gabriel Quadri de la Torre, candidatos del Partido Revolucionario Democrático (PRD) y de Nueva Alianza respectivamente.

Además de una esterilidad programática de las propuestas de campaña, las elecciones parecen condenadas a la ausencia de debate y un rol tergiversador de los medios de comunicación de mayor audiencia. En esa medida, tiene mayores posibilidades de ganar aquel que haya sabido servirse mejor de las ventajas que ofrece la mediatización de su figura.

Enrique Peña Nieto es el ejemplo más representativo. Su reciente matrimonio con una de las actrices más queridas de la farándula mexicana ha tenido un gran impacto en el desarrollo de la campaña, por lo cual, se puede percibir una banalización de lo que deberían ser unas elecciones democráticas.

Este tipo de elecciones debería caracterizarse por la reflexión cuidadosa de las propuestas que compiten, lo cual es posible solamente a partir de un cuerpo electoral educado, bien informado e interesado por los problemas que aquejan a su sociedad. Infortunadamente, este no parece ser el caso ni de México, ni de los otros países de la región.

El movimiento #yo soy el 132 es en ese sentido un fenómeno a contracorriente de la apatía y la desinformación ciudadana que reina en nuestras democracias. Este grupo de jóvenes, comparado por los medios de comunicación con los indignados españoles,  es una reacción a la grosera tergiversación con que Televisa beneficia la campaña de Peña Nieto.

Su voz de protesta indica que puede haber una futura esperanza de cambio en México, pero, como muchos movimientos juveniles, éste no está suficientemente maduro ni estructurado. El retorno del PRI no alcanzará entonces a ser obstaculizado. No será castigado su silencio con respecto a problemas fundamentales como el narcotráfico y la corrupción incrustada en las instituciones políticas.

¿Qué sucede entonces cuando los problemas que carcomen a la sociedad mexicana no son nombrados por sus gobernantes? ¿Lo que no se nombra no existe? ¿Qué esconden los narcotraficantes cuando declaran su indiferencia por quién será el próximo presidente de la república? ¿Qué esconden los candidatos?

Estas preguntas no parecen interesar a los votantes mexicanos. Son respuestas que, con suerte, se irán revelando durante el sexenio de Enrique Peña Nieto.


[1] Politóloga de la Universidad del Rosario, Colombia. Actualmente realiza una maestría en Estudios latinoamericanos en la Universidad Sorbonne Nouvelle, Francia. Se ha desempeñado como joven investigadora en la Universidad del Rosario y sus principales intereses son la sociología política y la democracia en América Latina

[2] Politólogo de la Universidad del Rosario, Colombia. Actualmente realiza una maestría en Antropología social e histórica en la Universidad Toulouse II-Le Mirail, Francia. Se ha desempeñado como joven investigador y profesor en la Universidad del Rosario y sus principales intereses investigativos se relacionan con la filosofía y la antropología política.

 

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